En Toulouse Lautrec, las ideas no se quedan en el papel. Se desarrollan, se cuestionan y se transforman en experiencias reales. Estudiantes de la carrera de Videojuegos y Entretenimiento Digital desarrollaron Guardianes de la Fauna, un videojuego educativo que busca generar conciencia sobre la conservación animal a partir del entorno de Margarita Zoo, en alianza con la ONG OMA Cecilia Margarita.
El proyecto nació a partir de experiencias previas en clase. Esta vez, el reto fue llevar ese aprendizaje hacia un propósito claro: conectar el juego con la conservación. “Habíamos trabajado antes en un mundo virtual con minijuegos, similar a plataformas como Club Penguin. Ahora buscamos que esa experiencia tenga un impacto real”, explica Pablo Mancilla, Lead Programmer y docente.
Para lograrlo, el equipo adaptó sistemas ya desarrollados y diseñó nuevas dinámicas para que todo funcione como una sola experiencia. “Uno de los mayores desafíos fue integrar todo sin perder coherencia en la experiencia del usuario”, añade.
Creatividad que se adapta y propone
Pero si algo marcó el desarrollo del videojuego fue que los estudiantes asuman un rol activo en la propuesta de soluciones visuales y narrativas que ayudaron a construir su identidad. “Me sorprendió su capacidad artística y su adaptación. Supieron responder a las necesidades del proyecto con propuestas sólidas y funcionales”, comenta Mancilla.
Más allá del resultado final, el proyecto evidencia el valor de aprender haciendo. Enfrentarse a dinámicas reales, trabajar con un propósito concreto y colaborar en equipo permite a los estudiantes acercarse a un entorno profesional desde el aula.
Desde dentro del proceso, la experiencia también dejó huella. Adela Romero, alumna de la carrera y encargada del arte del videojuego, asumió el desafío de construir toda la identidad visual del proyecto. “Fue una experiencia muy enriquecedora. Era la primera vez que trabajaba en un entorno de este tipo, lo que me llevó a explorar nuevas formas de diseñar personajes y escenarios”, cuenta.
Uno de los ejes creativos más importantes fue el desarrollo del entorno del oso de anteojos, protagonista del juego. Traducir su hábitat natural sin perder el estilo visual planteado fue un ejercicio constante de exploración. “Hice muchos bocetos buscando ese equilibrio. La idea era que el ambiente se sintiera auténtico, pero que también encaje con la estética del juego”, explica.
Esa búsqueda terminó definiendo el lenguaje visual completo del proyecto. Cada elemento (desde la interfaz hasta los detalles de los personajes) empezó a dialogar con ese universo. “Al final, todo giró alrededor de ese entorno. Fue muy interesante ver cómo cada parte se conectaba y le daba identidad al juego”, añade.
Una experiencia que busca trascender
Más allá del entretenimiento, Guardianes de la Fauna propone una experiencia con sentido. La idea no es solo jugar, sino conectar con una problemática real y despertar interés por la conservación.
“Queremos que los usuarios disfruten el juego, pero que también se lleven curiosidad e interés por la conservación y por crear sus propios proyectos”, señala Mancilla.
En esa misma línea, Adela Romero agrega: “Me gustaría que recuerden el juego por su identidad, pero también por la conexión que logren con el entorno del oso de anteojos. Que se queden con esa curiosidad por conocer más sobre su hábitat”.
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Porque cuando el aprendizaje se conecta con un propósito, el resultado no es solo un proyecto: es una experiencia que puede inspirar, educar y generar cambio.